Mercurio y peces

Imagen de xornalcerto en Flickr bajo licencia Creative Commons.

La gran bomba informativa del último día de junio de 2011 fue el anuncio de que la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) endureció las recomendaciones sobre consumo de algunos alimentos, entre ellos el de “grandes peces”, como el atún rojo o los tiburones. La AESAN desaconseja su consumo a mujeres embarazadas o en periodo de lactancia y a los niños menores de tres años, por el alto contenido en mercurio que presentan. También se reduce la cantidad diaria recomendada para niños de 3 a 12 años, que no deberían consumir más de 50 gramos a la semana. Desde el punto de vista sanitario, parece una recomendación muy necesaria.

Desde luego, no puede decirse que el tema sea nuevo: hace bastantes años que se sabe que es dañino comer “grandes peces” por su alto contenido en mercurio, y algunos países como Estados Unidos ya realizaron recomendaciones similares. Aún así, que la AESAN emita este aviso significa que estamos ante un problema sanitario y al mismo tiempo señala el alcance y la gravedad de la contaminación marina por mercurio, que acumulan los grandes peces como el atún o el pez espada.

El mercurio es un metal pesado, muy tóxico al ser acumulado en el organismo en forma de metilmercurio, que es en lo que se convierte el mercurio después de pasar por agua (ríos, lagos, oceános…). El metilmercurio provoca graves daños en el sistema nervioso, como la Enfermedad de Minamata, que recuerda a un brote de envenenamiento por ingesta de pescado sufrido en esa ciudad japonesa en los años 50. Su efecto nocivo en los fetos también está ampliamente documentado: los niños y los bebes son especialmente vulnerables al mercurio porque su sistema nervioso aún está en desarrollo.

El mercurio se encuentra en el medio ambiente de manera natural, pero es la actividad humana la que lo ha convertido en un grave problema sanitario y ambiental. Las fábricas o las plantas térmicas de carbón emiten mercurio a la atmósfera, que acaba en los oceános y se transforma en metilmercurio. Esta sustancia tóxica se va acumulando a lo largo de la cadena trófica, por ser bioacumulativo, y por ello son los peces que están en el eslabón más alto (tiburones, atunes…) los que se llevan la peor parte.

Y yo me pregunto una cosa. Estamos envenenando nuestros mares y oceános y la solución que dan los poderes públicos, en vez de acabar con las emisiones contaminantes de mercurio, es ocultar durante años los estudios que alertan sobre el nivel de tóxicos en el pescado, o en el mejor de los casos, pedirnos que dejemos de comer determinadas especies de peces. ¿No es esto estúpido?

Por otro lado, la airada reacción de la industria pesquera ante la recomendación de la AESAN, que consideran “una alarma innecesaria que afectará al sector”, deja bastante clara la falta de escrúpulos de una industria que está esquilmando nuestros mares. Recordemos que las especies que protagonizan la alarma, los tiburones y los atunes rojos -los leones y los osos del mar-, están en un estado crítico debido a la sobrepesca. El atún rojo está al borde de la extinción y en cuanto a los tiburones, un estudio de la organización conservacionista Oceana cuantificaba el declive en el Mar Mediterráneo: entre un 96 y un 99’99% en los últimos 200 años. ¿No debería ser esto un motivo suficiente para dejar de comerlas?

http://redjoven.proyectoequo.org/wp-content/uploads/2011/07/4094480073_1262c32c77.jpegShare via emailShare on Facebook+1Pin it on PinterestShare on TumblrShare on Twitter